POR CAROLINA G. MENÉNDEZ. La Nueva España del martes 22 de junio de 2010.

Canelones, sopa, lasaña, salsas, menestra, croquetas, empanadillas, fabada, paella, pizza, albóndigas… La lista de alimentos preparados, platos precocinados o totalmente cocinados, envasados o congelados ya listos para consumir es cada vez más larga y crece a la par que aumenta su demanda.

La falta de tiempo, consecuencia de una vida ajetreada y dominada por las prisas, está convirtiendo hábitos tan cotidianos y placenteros como comprar, cocinar y comer en tareas incómodas que se resuelven por la vía más rápida y sencilla: comprar los alimentos ya elaborados.                                                                                                                                                                                         Así, «esta cultura de ahorrar tiempo y simplificar las rutinas buscando lo fácil fomenta la creciente oferta de alimentos preparados cuyo abuso favorece en muchos casos una malnutrición con o sin sobrepeso, ya que los productos manipulados y transformados suelen tener bastantes deficiencias con respecto a los naturales», resalta la doctora asturiana Ana Azanza, especialista en estética y nutrición.
Si bien es cierto que este tipo de alimentos presenta ciertas ventajas, como su larga conservación, una oferta amplia y variada que incluso permite degustar sabores diferentes y pertenecientes a la cocina internacional y, además, ahorra tiempo y trabajo, es conveniente tener en cuenta sus desventajas.
De la parte negativa de los precocinados se pueden destacar varios aspectos, principalmente su pérdida de nutrientes. Al tratarse de alimentos que ya están cocidos y que precisan calentarse para ser consumidos han perdido muchas de las vitaminas que en cambio sí están presentes en la comida casera. Son numerosas las familias que dejan relegado este quehacer únicamente a los fines de semana. «Aunque es verdad que podríamos hacer muchos menús en casa, preferimos dedicar nuestro tiempo a otras prioridades, sobre todo los jóvenes, que valoran la inmediatez, los padres muy ocupados que necesitan muchas veces aliviar su estrés saliendo del paso con una pizza a domicilio y los profesionales solteros que viajan o viven para otras cosas»,
apunta la especialista en nutrición.
Otros inconvenientes que presentan estos productos es su alto valor energético, un aspecto a tener en cuenta quienes deseen vigilar su peso. Además, al contener más sal, azúcar, especias y demás condimentos que los utilizados en casa pueden provocar digestiones pesadas. También son abundantes en grasas saturadas, lo que puede incrementar los niveles de colesterol en sangre. E, igualmente, suelen contener conservantes, colorantes, estabilizantes y antipelmazantes, que, si bien mantienen el alimento en perfecto estado de conservación durante varios meses, no son productos naturales.
Los especialistas en nutrición aconsejan que si se consumen platos precocinados se intente no abusar de ellos y alternarlos con otros más naturales. La doctora Azanza va más allá y hace la siguiente recomendación: «Visitar el mercado, aunque sea sólo los sábados, disfrutar de su encanto y, sobre todo, de la variedad de productos naturales no envasados que permiten percibir los olores y colores de las verduras, carnes y pescados frescos».
Ventajas de los precocinados:
Larga conservación del producto.
Oferta amplia y variada que incluso permite degustar alimentos de la cocina internacional.
Ahorro de tiempo y trabajo.
Desventajas:
Pérdida de nutrientes.
Alto valor calórico.
Abundantes condimentos y grasas saturadas.

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