Cada español consume una media de 9,7 gramos de sal al día, casi el doble de los 5 gramos que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS). Lo peor es que solo el 20% sale de nuestro salero. El resto está incorporada en los alimentos elaborados. Se trata de “sal oculta sobre la que no tenemos capacidad de decisión, es decir, no la añadimos voluntariamente. Lo único que podemos hacer es evitar consumir esos alimentos”, según Roberto Sabrido, director de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESAN), que ha elaborado los dos estudios, pioneros en Europa, que arrojan estas conclusiones.

El exceso de cloruro sódico en nuestra dieta ha sido comprobado en una investigación dirigida por las doctoras Rosa Ortega y Ana María López Sobaler, del departamento de Nutrición de la Universidad Complutense de Madrid. Han extraído la conclusión después de tomar muestras de orina a personas sanas durante 24 horas. En el estudio han participado 416 hombres y mujeres de entre 18 y 65 años.

PERCEPCIÓN SUBJETIVA Ortega explica que su investigación perseguía concretar científicamente la cantidad de sal ingerida, ya que muchos entrevistados que comen fuera de casa no tienen claro cuánta sal se ha añadido al cocinar, y los que preparan su comida tienen una percepción imprecisa y subjetiva.

La respuesta ha sido completada por otro estudio, elaborado por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), con un análisis de 1.200 muestras de alimentos que componen la dieta habitual de los españoles. Los filetes de anchoa en aceite, los embutidos y el jamón, las sopas, cremas y caldos, los ahumados y las aceitunas encabezan el ranking de alimentos más salados de la cesta de la compra. Para Sabrido era previsible, ya que forman parte de la dieta española tradicional. En muchos casos, como en el jamón o las salazones, se utilizan como conservantes.

Pero la OCU ha descubierto cantidades de sal inesperada en galletas, cereales, bollos y aperitivos variados. Gemma Trigueros, técnica de nutrición de la principal organización de consumidores española, ha detectado otra sorpresa: la gran variación del contenido de sal en un mismo producto elaborado por distintas marcas. Así, entre las sopas hay oscilaciones de hasta 28 veces más sal en unas que en otras; entre los platos preparados, de 18 veces; entre los quesos y las conservas vegetales, de 10, y entre las aceitunas, de 4. Trigueros apuntó que esta diferencia demuestra que en todos los alimentos hay posibilidades de mejora. “Si los productos que se compran tienen poca sal, la gente tiende a añadir menos al cocinar. El paladar se hace”, defendió la experta nutricionista.

ETIQUETA OBLIGATORIA Ahora mismo no es obligatorio que en los productos se informe de las cantidades exactas de sal. La AESAN, que ha colaborado con los fabricantes de pan para reducir en dos años los 22 gramos de sal por kilo de harina a 16, pedirá durante la presidencia española de la UE que se haga lo mismo en otros alimentos y que, como ha recomendado el Parlamento europeo, sea obligatorio incluir la cantidad del condimento en las etiquetas. “Reducir el consumo solo tres gramos evitaría enfermedades y miles de muertes”, comentó Sabrido.

Deja un comentario